EJERCICIOS PARA EL CEREBRO:
Los
pequeños olvidos que comenzamos a padecer después de determinada
edad, no llegan a afectar nuestra vida pero si nos producen ansiedad.
Con terror, pensamos que el cerebro empieza a convertirse en gelatina y
nos preocupa quedar como la Tía Anastasia, que recuerda con lujo de
detalles todo acerca de su niñez en Morelia, pero no puede acordarse
de lo qué hizo ayer o esta misma mañana.
Si esto te suena familiar, no te preocupes, hay esperanza.....Existen
muchos mitos en los que las personas equivocadamente relacionamos la
edad con la falta de memoria.
Los neurocientíficos han comprobado que no necesariamente tiene que
ser así. Que las células se regeneran en el cerebro de los adultos y
que, al contrario de lo que se pensaba, la pérdida de memoria no se
debe a la edad o a que las neuronas se mueran, sino a la reducción en
número y complejidad de las dendritas (ramas de las neuronas) que, a
través de la sinapsis, reciben y procesan la información de otras células nerviosas.
Esto sucede por una sencilla razón: falta de uso. Es muy sencillo así
como se atrofia un músculo sin uso, las dendritas también se atrofian
si no se conectan con frecuencia, y la habilidad del cerebro para
procesar nueva información se reduce.
Es cierto, el ejercicio ayuda mucho a alertar la mente; también hay
vitaminas y medicinas que aumentan la transmisión sináptica y
fortalecen la memoria, sin embargo, nada como hacer que nuestro cerebro fabrique su propio alimento: las neurotrofinas.
edad, no llegan a afectar nuestra vida pero si nos producen ansiedad.
Con terror, pensamos que el cerebro empieza a convertirse en gelatina y
nos preocupa quedar como la Tía Anastasia, que recuerda con lujo de
detalles todo acerca de su niñez en Morelia, pero no puede acordarse
de lo qué hizo ayer o esta misma mañana.
Si esto te suena familiar, no te preocupes, hay esperanza.....Existen
muchos mitos en los que las personas equivocadamente relacionamos la
edad con la falta de memoria.
Los neurocientíficos han comprobado que no necesariamente tiene que
ser así. Que las células se regeneran en el cerebro de los adultos y
que, al contrario de lo que se pensaba, la pérdida de memoria no se
debe a la edad o a que las neuronas se mueran, sino a la reducción en
número y complejidad de las dendritas (ramas de las neuronas) que, a
través de la sinapsis, reciben y procesan la información de otras células nerviosas.
Esto sucede por una sencilla razón: falta de uso. Es muy sencillo así
como se atrofia un músculo sin uso, las dendritas también se atrofian
si no se conectan con frecuencia, y la habilidad del cerebro para
procesar nueva información se reduce.
Es cierto, el ejercicio ayuda mucho a alertar la mente; también hay
vitaminas y medicinas que aumentan la transmisión sináptica y
fortalecen la memoria, sin embargo, nada como hacer que nuestro cerebro fabrique su propio alimento: las neurotrofinas.
Las
neurotrofinas son moléculas que producen y secretan las células
nerviosas, y actúan como alimento para mantenerse saludables tanto a
ellas como a las sinapsis. Cuanto más activas estén las células del
cerebro, mayor cantidad de neurotrofinas producen; esto genera más
conexiones entre las distintas áreas del cerebro.
nerviosas, y actúan como alimento para mantenerse saludables tanto a
ellas como a las sinapsis. Cuanto más activas estén las células del
cerebro, mayor cantidad de neurotrofinas producen; esto genera más
conexiones entre las distintas áreas del cerebro.
¿Entonces
qué debemos hacer?
Lo
que necesitamos es hacer pilates con las neuronas: estirarlas,
sorprenderlas, sacarlas de su rutina y presentarles novedades
inesperadas y divertidas a través de las emociones, del olfato, la vista, el tacto, el gusto y el oído.
Además, retarlas con crucigramas, juegos como rompecabezas o ajedrez, etc.
¿El resultado? El cerebro se vuelve más flexible, más ágil, y su
capacidad de memoria aumenta.
Al leer esto, casi seguro probablemente pienses: Yo leo, trabajo, hago
ejercicio y mil cosas más durante el día, así que mi mente debe estar
muy estimulada!!! Pero la verdad es que la vida de la mayoría de
nosotros se lleva a cabo dentro de una serie de rutinas.
Piensa en tu día o semana promedio....
¿Qué tan diferente es tu rutina de la mañana, tu ruta hacia el
trabajo, la hora en la que comes o regresas a la casa? ¿El tiempo que
pasas en el auto? ¿El tiempo y los programas que ves en televisión? las
actividades rutinarias son inconscientes, hacen que el cerebro funcione
en piloto automático; requieren un mínimo de energía y las experiencias
pasan por las mismas carreteras neuronales ya formadas tiempo atrás.
sorprenderlas, sacarlas de su rutina y presentarles novedades
inesperadas y divertidas a través de las emociones, del olfato, la vista, el tacto, el gusto y el oído.
Además, retarlas con crucigramas, juegos como rompecabezas o ajedrez, etc.
¿El resultado? El cerebro se vuelve más flexible, más ágil, y su
capacidad de memoria aumenta.
Al leer esto, casi seguro probablemente pienses: Yo leo, trabajo, hago
ejercicio y mil cosas más durante el día, así que mi mente debe estar
muy estimulada!!! Pero la verdad es que la vida de la mayoría de
nosotros se lleva a cabo dentro de una serie de rutinas.
Piensa en tu día o semana promedio....
¿Qué tan diferente es tu rutina de la mañana, tu ruta hacia el
trabajo, la hora en la que comes o regresas a la casa? ¿El tiempo que
pasas en el auto? ¿El tiempo y los programas que ves en televisión? las
actividades rutinarias son inconscientes, hacen que el cerebro funcione
en piloto automático; requieren un mínimo de energía y las experiencias
pasan por las mismas carreteras neuronales ya formadas tiempo atrás.
No
hay producción de neurotrofinas.
Algunos ejemplos de ejercicios que expanden substancialmente las
dentritas son:
Algunos ejemplos de ejercicios que expanden substancialmente las
dentritas son:
1.
Bañarse con los ojos cerrados. Sólo con el tacto, localiza las
llaves de agua, ajusta la temperatura del agua, busca el jabón, o el shampoo...
Verás cómo tus manos notarán texturas que nunca antes habías percibido.
2. Usar la mano no dominante. Come, escribe, abre la pasta dentífrica,
lávate los dientes, abre el cajón con la mano que más trabajo te cueste
usar. Péinate, báñate píntate, aféitate lava lo dientes con tu mano no
dominante.
3. Lee en voz alta. Se activan distintos circuitos que los que usas
para leer en silencio.
4. Cambia tus rutas. Toma diferentes rutas para ir al trabajo, a tu casa.
5. Cambia tus rutinas. Haz cosas diferentes. Fuérzate a salir, conocer
y charlar con personas de diferentes edades, trabajos e ideologías.
Experimenta lo inesperado. Usa las escaleras en lugar del ascensor. Sal
al campo, camínalo, huélelo.
6. Cambia las cosas de lugar. Al saber dónde está todo, el cerebro ya
construyó un mapa. Por ejemplo, cambia el lugar del pote de la basura;
verás la cantidad de veces que tirarás el papel al viejo lugar.
7. Aprende algo nuevo. Cualquier cosa puede servir, aprende
fotografía, cocina, yoga, estudia un nuevo idioma. Si te gusta, arma
rompecabezas, tápate un ojo para que pierdas la percepción de la
profundidad, por lo que el cerebro tendrá que confiar en otras vías.
8. Identifica las monedas. Pon en tu coche una taza con varias monedas
diferentes y tenlas a la mano para que, mientras estás esperando en el
semáforo, con los dedos trates de identificar la denominación de cada una.
9. Cambia el mouse de la computadora al lado contrario de donde lo usas
comúnmente.
¿Por qué no abrir la mente y probar estos ejercicios tan sencillos
que, de acuerdo a los estudios de Neurobiología del Duke University Medical
Center, amplían nuestra memoria?
Y si tenemos suerte y funcionan, nunca más volveremos a preguntarnos:
llaves de agua, ajusta la temperatura del agua, busca el jabón, o el shampoo...
Verás cómo tus manos notarán texturas que nunca antes habías percibido.
2. Usar la mano no dominante. Come, escribe, abre la pasta dentífrica,
lávate los dientes, abre el cajón con la mano que más trabajo te cueste
usar. Péinate, báñate píntate, aféitate lava lo dientes con tu mano no
dominante.
3. Lee en voz alta. Se activan distintos circuitos que los que usas
para leer en silencio.
4. Cambia tus rutas. Toma diferentes rutas para ir al trabajo, a tu casa.
5. Cambia tus rutinas. Haz cosas diferentes. Fuérzate a salir, conocer
y charlar con personas de diferentes edades, trabajos e ideologías.
Experimenta lo inesperado. Usa las escaleras en lugar del ascensor. Sal
al campo, camínalo, huélelo.
6. Cambia las cosas de lugar. Al saber dónde está todo, el cerebro ya
construyó un mapa. Por ejemplo, cambia el lugar del pote de la basura;
verás la cantidad de veces que tirarás el papel al viejo lugar.
7. Aprende algo nuevo. Cualquier cosa puede servir, aprende
fotografía, cocina, yoga, estudia un nuevo idioma. Si te gusta, arma
rompecabezas, tápate un ojo para que pierdas la percepción de la
profundidad, por lo que el cerebro tendrá que confiar en otras vías.
8. Identifica las monedas. Pon en tu coche una taza con varias monedas
diferentes y tenlas a la mano para que, mientras estás esperando en el
semáforo, con los dedos trates de identificar la denominación de cada una.
9. Cambia el mouse de la computadora al lado contrario de donde lo usas
comúnmente.
¿Por qué no abrir la mente y probar estos ejercicios tan sencillos
que, de acuerdo a los estudios de Neurobiología del Duke University Medical
Center, amplían nuestra memoria?
Y si tenemos suerte y funcionan, nunca más volveremos a preguntarnos:
¿Dónde
dejé las llaves? ó ¿Dónde dejé los lentes?
Interesante, verdad?
Interesante, verdad?